Imaginen por un momento una casa familiar habitada por 12 personas de las nacionalidades más variadas: Canadá, Australia, Holanda, Reino Unido, Estados Unidos, por nombrar solo algunos. Muchos de ellos vienen a nuestro país por primera vez, se maravillan y se sorprenden y nosotros aprendemos mucho de ellos también.
Siempre nos acordamos de nuestro amigo Manuel de Berlín que trajo su ropa más abrigada para soportar nuestro invierno y finalmente no solo no la usó sino que fumaba en remera en nuestro patio mientras que los argentinos decían ¡qué frio, qué frío! todo el tiempo.
Cómo no recordar a Richard, que practicaba español con nosotros y también aprendió a preparar empanadas. ¡Muchas gracias por el salmón ahumado!
Cómo no recordar al grupo de seis rusas que vinieron a bailar tango a Buenos Aires y que durante un mes llegaron a dormir a casa a las siete de la mañana mientras preparábamos el desayuno.


